martes, 21 de noviembre de 2017

DESORIENTACIÓN

No me extraña demasiado, porque me desoriento con facilidad. Incluso, cuando me levanto por la noche, en el pasillo de casa, si calculo mal y no encuentro el interruptor de la luz donde debería estar, o confundo el sillón con una forma amenazadora, paso unos momentos de desconcierto. Y aquella vez  que discutí con Toni, cogí el coche y cuando me di cuenta estaba saliendo hacia Madrid …

Pero eso no me ayudaba. El caso es que al salir del restaurante iba detrás de los demás, pero sin perderlos de vista. No sabía bien dónde querían ir, ni me importaba, pero no pensaba que iban a desaparecer al doblar la esquina… ¿Habré bebido demasiado?  No, ni contando con las cervezas anteriores; y el vino era flojo ¿Entonces? Ha debido ser que, tras esa esquina había dos vías posibles y he tomado la que no era.

Pero ahora, volver es impensable. No sé las vueltas que he dado desde entonces. Y aquí estoy en esta calleja, sin saber dónde, seguro que a cuatro pasos del centro, pero absurdamente perdido. Y ni una luz, bueno sí, allá al extremo luce débil una farola, pero aún se nota más la oscuridad del resto.
¡Ah!, ahí viene alguien…Seguro que podrá orientarme para llegar al centro. A estas alturas ya, encontrarlos es  tarea imposible, así que lo mejor será coger un taxi y a casa. Ya les explicaré mañana.

–¿Cómo dice? Pero oiga, si sólo quiero que me diga por dónde puedo llegar al centro…  

¡Habrase visto! Ni siquiera se ha parado, me ha farfullado algo incomprensible y ha salido  a toda prisa….Y aquí mucha tapia y ni una placa. Aunque con esta luz, no podría leerla, y si la leyera seguro que no me decía nada…

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