DESORIENTACIÓN
No me extraña demasiado, porque me desoriento con
facilidad. Incluso, cuando me levanto por la noche, en el pasillo de casa, si calculo
mal y no encuentro el interruptor de la luz donde debería estar, o confundo el
sillón con una forma amenazadora, paso unos momentos de desconcierto. Y aquella
vez que discutí con Toni, cogí el
coche y cuando me di cuenta estaba saliendo hacia Madrid …
Pero eso no me ayudaba. El caso es que al salir del
restaurante iba detrás de los demás, pero sin perderlos de vista. No sabía bien
dónde querían ir, ni me importaba, pero no pensaba que iban a desaparecer al
doblar la esquina… ¿Habré bebido demasiado? No, ni contando con las cervezas anteriores; y
el vino era flojo ¿Entonces? Ha debido ser que, tras esa esquina había dos vías
posibles y he tomado la que no era.
Pero ahora, volver es impensable. No sé las vueltas que he
dado desde entonces. Y aquí estoy en esta calleja, sin saber dónde, seguro que a
cuatro pasos del centro, pero absurdamente perdido. Y ni una luz, bueno sí,
allá al extremo luce débil una farola, pero aún se nota más la oscuridad del
resto.
¡Ah!, ahí viene alguien…Seguro que podrá orientarme para llegar
al centro. A estas alturas ya, encontrarlos es tarea imposible, así que lo mejor será coger
un taxi y a casa. Ya les explicaré mañana.
–¿Cómo dice? Pero oiga, si sólo quiero que me diga por dónde
puedo llegar al centro…
¡Habrase visto! Ni siquiera se ha parado, me ha farfullado
algo incomprensible y ha salido a toda
prisa….Y aquí mucha tapia y ni una placa. Aunque con esta luz, no podría leerla,
y si la leyera seguro que no me decía nada…
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