miércoles, 13 de diciembre de 2017

Luz

En un apartamento de San Petersburgo, frente al ordenador, ojeando las últimas recomendaciones de Youtube mientras oía música con sus auriculares, se hallaba Lenushka.
Otro vídeo conspiranoico Pensó mientras leía la cabecera del mismo: “18 imágenes que demuestran que el fin del mundo está cerca”Para una red social que me interesa… Venga, dame algo que valga la pena.
Siguió deslizando la rueda del ratón mientras aparecían más títulos: “Vlog – La mejor fiesta en las Noches blancas”, “Discurso del presidente 20/6/2018”, “¿Vuelven los grafitis?”, “PELIGRO - El VERDADERO significado de las pintadas en la plaza roja”, “REAL ¡¿Astronauta o alienígena en las afueras de San Petersburgo?!”…
– ¡Puf! Cada verano es peor el contenido, sobre todo en estas fechas, 20 horas de luz son demasiadas para cualquiera. No me extraña que haya tantos borrachos y policía por las calles…

Llevaba una semana encerrada, nunca había sido muy sociable, pero al menos tenía sus series, videojuegos y chorradas varias de Internet. El problema era que su ordenador estaba fallando, tenía que esperar a que llegasen unos componentes para arreglarlo y, a pesar de tener encendidos dos ventiladores, sus orejas sudaban bajo los cascos. Pulsó un vídeo al azar. Tras cinco eternos minutos de carga apareció una ventana con el título azul en negrita que parecía acosarla: “El navegador dejó de funcionar”
– ¡¿En serio?! ¡¿Cuándo va a llegar el maldito paquete?! Encima es imposible dormir tranquila con el barullo de sirenas de la calle.

Decidió hacer ejercicio ya que era lo único que la mantenía cuerda desde hacía días. Se quitó los cascos y sintió el aire refrescar sus orejas, un escalofrío recorrió su cuerpo; conectó los altavoces a todo volumen y empezó con su rutina.

Tras la tercera y última serie de abdominales, varias gotas de sudor bajaban por su frente. Se acercó a un ventilador buscando una brisa de alivio, su recompensa fue un leve olor a chamuscado.  De repente, la música se transformó en un pitido penetrante, Lenushka sobresaltada miró al ordenador y entrevió la pantalla azul que junto a un silencio se oscureció.
–¡Otra vez no! – Exclamó acercándose rápidamente y pulsando el botón de encendido esperando lo peor. No hubo respuesta. Pulsó otra vez. Nada. Y otra. Y otra. Y… –¡Mierda! 

Una gota de sudor cayó en su brazo y pudo reaccionar, necesitaba agua para tranquilizarse. Se dirigió a la cocina y bebió hasta que notó algo inusual. El ruido que la había despertado por la mañana no se escuchaba, pero lo verdaderamente extraño era que no se oía ni un coche, ni un pájaro, ni tan solo un murmullo.

Al mirar por la ventana una inquietud se apoderó de sus adentros, la calle parecía un desierto, no solo por la falta de gente, sino porque los pocos rayos de luz que llegaron a su cabeza fueron abrasadores.
– Con este sol es normal que no haya nadie, pero pensaba que sería más tarde… Bueno, es difícil saber qué hora es en esta época del año – Se dijo para relajarse, entretanto buscó su móvil.

No lo encontraba en el escritorio ni en la cocina, así que revolvió su cama ya deshecha y los bolsillos de los pantalones tirados por la habitación sin resultado. La calma a su alrededor la abrumaba hasta que llegó al baño y al fin, en el suelo junto el retrete, apareció.

Al pulsar para desbloquearlo en la pantalla aparecieron dos avisos bajo la hora: 17:27. 12 llamadas perdidas y 9 mensajes. Comenzó a sentir sus latidos. Intentó desbloquearlo, pero sus dedos se deslizaban dejando un rastro líquido y tuvo que secarse con una toalla. Volvió a intentarlo, esta vez pudo desbloquearlo y ver las llamadas que provenían de su prima junto con un número exageradamente largo al que no prestó demasiada atención. Llamó a su prima, pero al otro lado de la línea le respondió una voz grabada:
– El número que ha marcado no se encuentra disponible.
Miró los mensajes, eran todos del mismo contacto: “Aleshka prima”.

(18/6/2018)
12:26 – “Lenuuu, ¿cómo estás? ¿Te apetece tomar algo?”
14:54 – “Al menos coge el teléfono que quiero contarte un par de cosas que me han pasado”
15:15 – “Bah… Supongo que estarás otra vez con tus cosas, ni sabrás que te he llamado. Llámame cuando puedas, ¿vale?”

 (19/6/2018)
10:18 – (Audio)
–¿Cómo puedes vivir tan incomunicada? – Oyó otra una voz de fondo – Vamos a la sombra – Mañana voy a verte. Siempre me dices que soy una pesada por ir sin avisar, pero parece que vivas en otro mundo.

(20/6/2018)
8:00
–¡¿Has visto las noticias?!  Voy a tu casa ahora mismo
8:48
– La policía no me ha dejado pasar – Suenan cláxones y silbatos –  Dicen que ya están evacuando tu zona. Pero no sé nada de ti, espero que estés bien...
9:02
– Le he dado – Su voz quedó oculta tras un ruido chirriante.

9:02 – “Le he dado tu descripción a un policía y me ha prometido que te buscará personalmente… Espero que solamente te hayas dejado el móvil. También ha dicho que vaya a casa y prepare una maleta con algo de ropa, comida y agua.”

17:08
– Suenan voces ininteligibles de fondo–  Estoy en la estación de buses, ¡te he llamado mil veces! Pienso esperarte hasta el último, no puedo creer que... – Alguien gritando no permite oír el final de la frase –¡¿Ha visto a mi...

Escribió: “Voy ahora mismo”, pero el mensaje no se mandaba. Sintió una presión en el pecho, la ropa parecía estrecharse por momentos. Su mente quedó encallada en el último mensaje hasta que una corriente de calor la abofeteó y una puerta se cerró a su espalda. Sus fuerzas flaquearon y tuvo que apoyarse unos instantes en los que averiguó que ocurría, se encontraba junto a la entrada de su edificio, con una mochila a su espalda. Se dirigió hacía el coche a paso rápido, pero tras atravesar la pequeña sombra que ocultaba el portal, su carga se hizo más pesada a cada paso. Al doblar la esquina, su paso recobró el ritmo tras ver el coche cobijado bajo un árbol de hojas mustias que emergía de la acera.  Abrió el coche, bajó todas las ventanillas, dio un trago al agua tibia de su mochila y arrancó.

El viento que entraba por las ventanas era denso y el asfalto relucía.  Sacó unas gafas tintadas de la guantera, seguía sin ver a nadie; tras colocárselas, aceleró. Reducía a cada esquina, no dudaba ante ningún semáforo y cuando estaba a un par de calles de la estación soltó el acelerador ante la acumulación de vehículos que solo dejaban un carril libre. Paró frente la puerta de un coche de policía que bloqueaba el paso. Un olor a quemado inundaba el ambiente, bajó del coche y vio en la entrada de su destino una forma oscura y humeante asomando. Se quedó helada, una densa negrura se elevaba tras el muro del recinto y aquello que asomaba era un autobús.
– No, no, no… ¡Aleshka! –De pronto su bolsillo derecho vibró dos veces, eran mensajes de audio de su prima.

18:04
– ¡No vayas a la estación! – Su respiración era agitada – ¡Alguien está quemándolo todo! Era… – Comenzó a sollozar – ¿Por qué ha…?  Esa pobre gente estaba… Solo he podido correr…



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