jueves, 4 de enero de 2018

El Bosque de O Rexo

       María se quedó inmóvil. Quería gritar con todas sus fuerzas, pero no podía articular palabra. No fue capaz de correr, como hizo Ana, hacia el lugar del que provenían las voces cuando comenzó a llover. Estaba sola.

         Se sintió abandonada, como tantas otras veces en su vida.

         La noche se acercaba y apenas se veían destellos de luz entre los árboles. La lluvia calaba su ropa y un fango denso y negro empapaba sus pies. Los truenos y los gorjeos de las aves eran cada vez más intensos.

         Sabía que no era una buena idea adentrarse en el bosque, pero no supo decirle que no. Ana era la única amiga que tenía. La única persona significativa desde que murió su madre. 

     Había oído hablar del Bosque de O Rexo mucho antes de que se organizara la excursión. Le interesaba cualquier noticia escabrosa que llegara a sus oídos, y sabía    que en las cercanías del bosque fueron asesinadas y descuartizadas decenas de mujeres años atrás, aunque nunca se hizo justicia por estos crímenes. Desde entonces, algunas personas del lugar aseguraban escuchar las voces de esas mujeres.

         Ana no fue a la excursión para ver el Ecoespacio del Rexo, ni la propuesta artística  de Agustín Ibarrolani el trazo de las pinturas en las piedras y en los árboles. Quería investigar aquel misterio y consiguió que María le acompañara en su aventura exploratoria. 

         Escéptica, confundida, aterrada...Pero accedió. Al fin y al cabo tan solo se iban a alejar unos pocos metros del grupo. O eso pensaba ella...


Se adentraron juntas en el bosque. Y se quedó sola cuando Ana se marchó.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario