miércoles, 28 de febrero de 2018

EPÍLOGO


–Ya estamos aquí, querida –dijo el hombre robusto mientras entraba por la puerta del jardín– ¿Te hemos hecho esperar más de la cuenta? Y, por cierto, ¿quién era ese hombre que ha salido corriendo cuando llegábamos?   
  –El primo de mi amiga Elisa. Un tipo muy raro. No ha dejado de hablar de sus enfermedades todo el tiempo. Y se fue sin despedirse, a todo correr, cuando llegabais. Parecía como si hubiera visto un fantasma.
–Supongo que ha sido por el setter– dijo su sobrina– Me estuvo contando que tenía fobia a esos perros. Y no me extraña. Me contó que una vez, siendo niño, un perro rabioso de esa raza le persiguió obligándole a refugiarse en un almacén abandonado, en el  que tuvo que pasar la noche antes de que alguien le encontrase y diese muerte al perro…
Era una chica imaginativa, y su especialidad eran las fantasías improvisadas.

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