–Ya estamos aquí, querida –dijo el
hombre robusto mientras entraba por la puerta del jardín– ¿Te hemos hecho
esperar más de la cuenta? Y, por cierto, ¿quién era ese hombre que ha salido
corriendo cuando llegábamos?
–El primo de mi amiga Elisa. Un tipo muy raro. No ha dejado de hablar de
sus enfermedades todo el tiempo. Y se fue sin despedirse, a todo correr, cuando
llegabais. Parecía como si hubiera visto un fantasma.
–Supongo que ha sido por el setter– dijo su sobrina– Me estuvo
contando que tenía fobia a esos perros. Y no me extraña. Me contó que una vez, siendo
niño, un perro rabioso de esa raza le persiguió obligándole a refugiarse en un
almacén abandonado, en el que tuvo que pasar
la noche antes de que alguien le encontrase y diese muerte al perro…
Era una chica imaginativa, y su
especialidad eran las fantasías improvisadas.
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