Soy un ebrio triste. Cuando le pregunto sobre ello a K
siempre me dice que no, que tengo ese aire de poeta o escritor bohemio o de
alguien sonado del tarro, pero que eso no me convierte en un triste, lo de
ebrio no lo discute. Yo sé que lo hace por darme ánimos, pero que por mucho que
se vista de seda, la tristeza triste se queda.
-No, K, lo digo en serio. Estoy triste, y ni siquiera sé
porqué.
-Ya bueno, tío, y yo que sé, todos pasamos por rachas de
mierda, pues ya está, mientras no valores el suicidio, porque no lo valoras,
¿no? Entonces no hay de qué preocuparse, ya llegarán tiempos mejores, que
también te aviso, volverán a irse. Esto funciona así, lo sabes mejor que nadie…
-Ya tío, no sé, en fin…
Contemplo como se consume el peta en su mano mientras con
disgusto y resignación asimilo su retahíla nihilista.
-Pues tienes toda la razón, tío…Oye, qué fue de Isa, hace mucho que no viene
por aquí.
-No cuajó, tío. No sé, parecía que iba todo bien, pero ya
sabes… el compromiso me agobia mucho, en algún punto empecé a boicotearlo todo
hasta que se hartó.
-Eres un cobarde, tío.
-Oye, no te pases, cada uno lidia con su propia mierda, mis
prioridades son otras ahora, tampoco ella lo hizo todo perfecto, al final se
suman tantas variables que es difícil decidir quién tiene la culpa, pasó y yasta.
-Joder, anda que
no estás afrancesado hoy.
- ¿Afrancesado por qué?
-Nihilismo, Sartre, me pareció una buena referencia.
-Telita, macho, cómo será pasar un día en tu cabeza, la
virgen.
-Pues como pasar un día en una centrifugadora.
- Una trituradora diría yo.
- Y tú que sabrás si no estás en mi cabeza, será más fiable
lo que piense yo, ¿no?
- Bueno, bueno, relaja, mijo.
-Va, perdona, K,
es lo que te digo, estoy triste y de mala leche tol rato.
-Ya veo, ya. Pues no lo pagues conmigo que soy el único que
últimamente te aguanta.
- Tienes razón, perdona. Un momento, a qué te refieres con
eso de que eres el único que me aguanta últimamente.
-Bueno, a nada, tío, nada concreto, pero la gente no es
tonta, sabes, si vas con esa cara sepia a tos
laos, lo normal es que la gente se cosque y pase de ti, es muy tedioso
tratar todo el rato con un amargado.
- Joder, es verdad… qué nihilista y fino estás hoy, cabrón.
- Tío, todo lo que estoy diciendo son perogrulladas, tú
también eres consciente de esto, no te estoy diciendo nada nuevo, otra cosa es
que prefieras ignorarlo porque te mola estar triste, va con tu rollo bohemio.
-Y dale, también soy un alcohólico, ¿no?
-Los alcoholicos van a reuniones y tú no te mueves de este
sofá ni pa’dios, y sinceramente, aquí de los dos, no eres el que más las
necesitaría, quédate tranquilo.
A todo esto: el cenicero rebosa colillas como espuma de
colacao, el aire de la habitación está totalmente viciado, la ventana
entreabierta del fondo no proporciona el caudal suficiente de aire para renovar
el interior, no lo diseñaron demasiado bien, quizá nadie era fumador en aquel
gabinete de arquitectos, o como sea que se llamen los sitios de trabajar de
arquitectos. La cuestión es que, entre el humo de la habitación, mi mala
hostia, y el nihilismo camusiano de
K, el suicidio empieza a ser apetecible.
-J. Losada-
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