Con
estos tres cuentos voy a dar tres versiones sobre la inteligencia artificial.
El hilo conductor será un accidente de avión con tres protagonistas distintos,
uno para cada cuento que serán personajes secundarios de los otros dos. Aunque
se pueden leer por separado, al leer los tres se obtiene una imagen más
completa de la historia que narro. Estoy escribiéndolos como se construye un
edificio, primero he recogido datos, he escrito el esqueleto de los tres
cuentos, luego he diferenciado las distintas escenas y ahora estoy rellenando
los huecos. Las escenas estarán centradas en el aeropuerto, el propio avión y
la zona del siniestro. Aunque tiene un toque futurista, con chips informáticos
injertados en los oídos humanos y pulseras que inyectan medicación, las bases
de los cuentos las he obtenido de noticias sobre inteligencia artificial en
todo el mundo.
La
inteligencia artificial es un procesador de información capaz de aprender. Es
decir, una inteligencia artificial necesita datos y un algoritmo que ordene
esos datos. Un algoritmo es una fórmula matemática muy compleja, un programa
informático, que realiza diferentes cálculos sobre una base de datos. Y es
capaz de crear nuevos algoritmos basados en sus primeras deducciones para
mejorar sus aproximaciones. Por ejemplo, un algoritmo de Google comprueba que
música te gusta escuchar mientras usas el ordenador, y te sugiere canciones
parecidas. Cuanto más tiempo pasa, más aprende y más acertados son sus consejos.
O te recomienda cafeterías cerca de donde estés, si sabe que te gusta tomar un
café a media mañana. O te avisa de noticias relacionadas con información que
has buscado o leído en su navegador, etc.
Con
la inteligencia artificial se están tomando decisiones económicas basándose en
complejos algoritmos que evalúan el mercado y recomiendan (de momento) cuales
son las mejores inversiones. Sin intervención humana, ordenan el tráfico aéreo.
La policía los utiliza para reconocer caras. Las empresas para recomendar sus
productos. La empresa Cambridge Analytica utilizó los datos de Facebook de millones
de usuarios para influir a los electores en E.E.U.U., elecciones a presidencia,
y en Gran Bretaña, referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión
Europea. Se ha demostrado que esos algoritmos tienen prejuicios, los
matemáticos dicen que basados en la estadística, los detractores hablan de
prejuicios humanos programados en los algoritmos. Ya hay inteligencias
artificiales que conducen coches, autobuses, trenes, drones… Se compara la
actualidad con la Revolución Industrial del s. XIX por el avance que puede
suponer para la humanidad.
En
mis cuentos la sociedad está dividida en castas según ha decidido una
inteligencia artificial programada por el gobierno, quienes son más válidos
para la sociedad obtienen un estatus mejor. Suben y bajan por la escala de
estatus dependiendo de sus acciones y profesiones. Un médico, un ingeniero, un
directivo… son clase uno; un profesor, un enfermero, un asistente de vuelo… son
clase tres, etc. Todos llevan desde su nacimiento un implante que emite y
recoge información. Los identifica al entrar en el aeropuerto, lo utilizan como
teléfono, puede pasar imágenes a su nervio óptico o pagar en el restaurante,
sin su intervención. He creado este futuro basándome en las teorías de
científicos y filósofos actuales, como por ejemplo Stephen Hawking o Yuval Noah
Harari, quienes sostienen que la máquina no superará al hombre en el futuro,
sino que el hombre se convertirá en máquina. Llevaremos implantes que nos proporcionarán
más calidad y esperanza de vida; corrigiendo defectos como el envejecimiento
celular o mejorando nuestra visión, por ejemplo.
En
el primero de mis cuentos, IA: Uso,
el protagonista es un ejecutivo de una empresa farmacéutica que usa la
inteligencia artificial para dirigir su compañía. Basándose en los beneficios,
la máquina decide a quién se le puede administrar un medicamento porque es
rentable y a quién no. La inteligencia artificial le dice que debe comer.
Utiliza su implante para hablar a distancia con su secretario. Para reconocer a
sus compañeros de mesa y despreciarlos por insignificantes o para intentar
forzar al asistente de vuelo a servirle más alcohol.
En
el segundo, IA: Buen uso, la
protagonista es una médica genetista preocupada por el efecto a largo plazo de
ciertos medicamentos. Utiliza la inteligencia artificial para crear modelos y
evaluar posibles complicaciones a nivel genético. Se informa con rapidez y
precisión de los nuevos descubrimientos de sus colegas y comparte sus hallazgos
de la misma manera. Después del accidente, su dispositivo le ayuda con el
triaje indicándole quien está más grave y necesita su ayuda médica.
El
tercer cuento, IA: Abuso, está
protagonizado por un ingeniero informático que perdió su estatus por manipular
datos para la empresa en que trabajaba. Su mujer, una profesora de infantil,
murió por no tener derecho a una medicación de alto coste para curar su
enfermedad rara. Roba la identidad de una persona con un estatus alto para
poder acceder al aeropuerto. Hackea la inteligencia artificial que gobierna el
avión y este se estrella. Es su manera de vengarse de la empresa farmacéutica
que no le dio el medicamento a su mujer, pues el avión se dirigía a una cumbre
médica y los pasajeros eran o empleados de la farmacéutica o médicos e
investigadores relacionados con ella.
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